4 de abril de 2012

I. Liam.

~ Waking Up ~




"(...) me pregunto si alguna vez dejaría de tener esta horrible sensación de que no hay nada en el mundo, de que todo esta vacío. Que las únicas cosas que tienen sentido están demasiado lejos, tan lejos que ni siquiera logras esbozarlas en tu mente..."
Liam marcó el último punto de ese párrafo con tanta fuerza que casi desgarró la hoja. Estaba enojado. No, no era eso. Se sentía incompleto, como si algo le faltara. Y no era por el hecho de que hacía dos noches que no pegaba un ojo, tampoco creía que fuera porque apenas había tocado su cena la noche anterior. No, esos eran solamente "factores", lo que en realidad le pasaba iba mas allá de su propia comprensión, y cuando algo va más allá de tu propia comprensión o lo ignoras y sigues con tu patética vida, o tratas de descifrarlo y caes en la más patética de las depresiones. Era así de simple para Liam.
Estaba tirado en el piso alfombrado de la biblioteca de su casa, le gustaba ir allí para estar solo y poder escribir. Escribía para librarse de cualquier pensamiento loco que hubiera tenido en todo el día. Él tenía la idea de que la mente era como un ático, si no se la vaciaba y organizaba cuidadosamente cada día, entonces todo pensamiento que alguna vez había valido la pena se perdía entre medio de los conocimientos mundanos y así nunca se podía llegar a nada. 
"... La Nada ¿Qué es lo que en verdad esconde esa palabra tan llena y a la vez tan vacía? ¿Cuál es la verdadera razón de que nos asuste todo lo que pueda relacionarse a ella? Y la nada no existió nunca, solo la creamos para tener un miedo coherente. Para pensar que estar vivos es algo más allá de la nada. ¿Y si la vida es el "más allá" de la nada? Está hecho. Somos la nada y no podemos temer a algo peor que a nosotros mismos. Nacemos para vivir y vivimos para morir. Almas inútiles en un mundo vacío. Demasiadas. Sí, pero no las suficientes..." 
A esa altura de su pensamiento, se dio cuenta de que no podría escribir nada mas. Cuando las palabras dejaban de sonar bien y los pensamientos flotaban en una nube por encima de su cabeza, el sabía que ya no sería capaz de bajarlos al papel. 
Cerró el cuaderno con fuerza, enojado de no poder haber hecho nada productivo. Estaba muy distraído últimamente, con suerte terminaba dos o, a lo sumo, tres párrafos por día. Eso lo molestaba.
Guardó sus cosas en un bolso que se hallaba tirado a unos metros de él. Se lo sujetó a la espalda mientras se levantaba del piso y atravesaba el largo pasillo, corrió hacia la puerta trasera y salio de su casa, listo para buscar otro lugar donde matar el tiempo.

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