~ Waking Up ~
Se levantó y le sonrió al espejo que se encontraba justo al frente de su cama. Con un ademán, agarró el cepillo de pelo y comenzó a desenredarse rápidamente el cabello castaño claro. Recogió las prendas de ropa que había dejado la noche anterior en una silla y se metió en el baño.
Frankie era como una niña pequeña, llena de inocencia y felicidad, no le importaban mucho las fiestas, los chicos o que tan ajustada podía llegar a quedarle una remera. Su pensamiento iba mucho más allá de eso. Ella era feliz, con solo ver a alguien sonreír.
No era muy alta, y aunque en poco tiempo fuera a cumplir 17, su estatura siempre la posicionaba como la hermanita menor del grupo, la chica buena y adorable. Sus amigos variaban según el humor de cada uno, la mayoría solo se juntaba con ella cuando necesitaba alguna visión optimista de la vida. Después de eso, les parecía que era una chica demasiado aniñada para el mundo exterior.
Quizás por ese motivo, Frankie nunca había tenido una mejor amiga o alguien con quien hacer siempre los trabajos en grupo. Era solo ella. Ella en su propio mundo, en el cual nadie nunca salía herido, en el cual todos tenían su final feliz...
Salió del baño y ya lista, se miró al espejo. Como siempre, le devolvió la sonrisa una chica pequeña con mucho cabello, le gustaba sonreírse a si misma antes de salir. Porque a pesar de lo que podía pensar la mayoría de la gente, ella necesitaba una sonrisa de vez en cuando.
Frankie se sujetó la mochila al hombro y bajó las escaleras con varios saltitos. Se desvió hacia la cocina vacía para sacar de la alacena un paquete de galletas y un baso, en donde se sirvió un poco del jugo que había quedado de la mañana anterior. Comió dos de las galletas y el resto del paquete lo deslizó adentro de la mochila. Y así, como alguien que se prepara para la mayor aventura de su vida, Frankie abrió la puerta de su casa para enfrentarse a un nuevo día.
No era muy alta, y aunque en poco tiempo fuera a cumplir 17, su estatura siempre la posicionaba como la hermanita menor del grupo, la chica buena y adorable. Sus amigos variaban según el humor de cada uno, la mayoría solo se juntaba con ella cuando necesitaba alguna visión optimista de la vida. Después de eso, les parecía que era una chica demasiado aniñada para el mundo exterior.
Quizás por ese motivo, Frankie nunca había tenido una mejor amiga o alguien con quien hacer siempre los trabajos en grupo. Era solo ella. Ella en su propio mundo, en el cual nadie nunca salía herido, en el cual todos tenían su final feliz...
Salió del baño y ya lista, se miró al espejo. Como siempre, le devolvió la sonrisa una chica pequeña con mucho cabello, le gustaba sonreírse a si misma antes de salir. Porque a pesar de lo que podía pensar la mayoría de la gente, ella necesitaba una sonrisa de vez en cuando.
Frankie se sujetó la mochila al hombro y bajó las escaleras con varios saltitos. Se desvió hacia la cocina vacía para sacar de la alacena un paquete de galletas y un baso, en donde se sirvió un poco del jugo que había quedado de la mañana anterior. Comió dos de las galletas y el resto del paquete lo deslizó adentro de la mochila. Y así, como alguien que se prepara para la mayor aventura de su vida, Frankie abrió la puerta de su casa para enfrentarse a un nuevo día.

Guay!
ResponderEliminarParece que me va a gustar. Seguiría leyendo si no me tuviera que ir.
Me quedo por aquí!
BESOS
misuenosimposibles.blogspot.com